No: el embarazo y la lactancia no son momento de ayunar para adelgazar, y cualquier cambio en los horarios de comida se decide con tu médico o tu matrona. No hemos localizado ensayos que comparen ayuno intermitente con comer normal en embarazadas, y es un experimento que difícilmente se plantearía. Lo que sí hay son datos indirectos —sobre todo del ayuno de Ramadán— y una asimetría clara: lo que se puede ganar es un peso que no corre prisa, y lo que está en juego es el desarrollo de otra persona.
Indice
- 1 Quién no debería ayunar aquí
- 2 Qué muestra la evidencia que hay: el Ramadán
- 3 ¿Qué pasa si pasas muchas horas sin comer?
- 4 ¿Y si me salto el desayuno un día?
- 5 Lactancia: menos datos todavía
- 6 El ayuno de la analítica es otra cosa
- 7 Si ya ayunabas antes de saber que estabas embarazada
- 8 Cuándo hablar con tu médico o tu matrona
- 9 En resumen
Quién no debería ayunar aquí
- Durante el embarazo, ayunar como estrategia de control de peso no está indicado. El aumento de peso en el embarazo se vigila en las revisiones, con tu equipo sanitario, y no es algo que se corrija por cuenta propia con un protocolo de horarios.
- Durante la lactancia, tampoco. Producir leche añade una demanda energética diaria y sostenida, y restringir la ventana de comidas se suma a esa carga en el peor momento posible.
- Con diabetes gestacional, o con cualquier diabetes en tratamiento. En diabetes tipo 2 con medicación, ayunar dos días por semana aumentó la tasa de hipoglucemias (RR 2,05; IC95% 1,17-3,52) incluso con reducción pautada de la medicación (Corley et al., Diabet Med 2018). Ese ensayo no se hizo en embarazadas, así que no es un dato trasladable sin más, pero apunta en una dirección que en el embarazo no interesa explorar. Lo desarrollamos en ayuno intermitente y diabetes.
- Con antecedentes de trastorno de la conducta alimentaria, el embarazo y el posparto son periodos sensibles, y el ayuno es un terreno que conviene evitar.
- Si estás buscando un embarazo y ya haces restricción de horarios o de calorías, es un tema para comentar en consulta antes de seguir. Sobre fertilidad no hemos localizado evidencia sólida en un sentido ni en el otro.
Qué muestra la evidencia que hay: el Ramadán
El grueso de lo que sabemos viene de un contexto que no es una dieta, sino una práctica religiosa: el ayuno diurno del Ramadán, con realimentación por la noche. Una revisión sistemática con metaanálisis reunió 22 estudios y 31.374 embarazos, de los cuales 18.920 con exposición al ayuno (Glazier et al., BMC Pregnancy Childbirth 2018). Sus resultados principales:
- Peso al nacer: sin efecto detectable (SMD 0,03; IC95% 0,00-0,05).
- Prematuridad: sin efecto (OR 0,99).
- Peso de la placenta: menor en las madres que ayunaron, aunque el resultado lo domina un único estudio grande.
- Mortalidad perinatal: sin datos suficientes para pronunciarse.
Es tranquilizador hasta cierto punto, y por eso conviene leerlo con sus límites. Son estudios observacionales, la exposición es heterogénea (no todo el mundo ayuna los mismos días ni con el mismo calor ni en el mismo trimestre), y sobre todo el Ramadán no es ayuno intermitente de dieta: hay realimentación nocturna, y no una restricción calórica sostenida buscando déficit. Que el peso al nacer no se moviera en ese patrón no dice que un 16:8 para adelgazar durante el embarazo sea seguro; dice que ese patrón concreto, en esas poblaciones, no mostró ese efecto concreto.
¿Qué pasa si pasas muchas horas sin comer?
En una persona no embarazada, el cambio de combustible —de la glucosa del glucógeno hepático a los ácidos grasos y las cetonas— se sitúa típicamente más allá de las 12 horas desde la última ingesta, y depende del glucógeno de partida, de la actividad y de qué se comió antes (Anton et al., Obesity 2018). El embarazo modifica ese equilibrio, porque hay un consumo continuo de glucosa por parte del feto; no hemos localizado mediciones directas de esa cronología en embarazadas, así que aquí lo honesto es no dar horas ni cifras.
Lo que suele contarse en consulta son síntomas: mareo, bajadas de azúcar, más náuseas, cansancio. No hemos localizado un estudio que los cuantifique en una ventana de ayuno concreta, así que se quedan en lo que son —experiencia clínica y no un dato medido—, sin porcentajes.
¿Y si me salto el desayuno un día?
Saltarse una comida puntual porque las náuseas no dejan comer no es un protocolo de ayuno. La diferencia está en la intención y en la repetición: comer más tarde un martes es una cosa; sostener una ventana de 8 horas todos los días para controlar el peso es otra. Saltarse comidas de forma repetida sin querer —por vómitos o por falta de apetito— sí es motivo para comentarlo en la siguiente revisión.
Lactancia: menos datos todavía
La revisión de arriba es sobre embarazo, no sobre lactancia, y no hemos localizado literatura equivalente para el periodo de lactancia. Lo que se puede decir sin inventar nada es por energía: la producción de leche supone un gasto añadido diario, y una restricción de horarios va justo en dirección contraria. Con eso, y sin ensayos que lo respalden, la posición razonable es la misma: no es el momento, y si hay un objetivo de peso después del parto, se plantea con la matrona o el médico.
El ayuno de la analítica es otra cosa
Muchas búsquedas sobre «ayuno» y embarazo son en realidad sobre el ayuno previo a una prueba: la curva de glucosa, el cribado de diabetes gestacional o una analítica de sangre. Eso no tiene relación con el ayuno intermitente: son unas horas concretas indicadas por el laboratorio para que la medición sea válida, y las instrucciones que valen son las que te den ahí, no las de una web.
Si ya ayunabas antes de saber que estabas embarazada
Es una situación frecuente y no tiene por qué vivirse con culpa: eso no es un daño demostrado. Lo que cambia es de aquí en adelante, y el paso siguiente es comentarlo en la próxima visita.
Cuándo hablar con tu médico o tu matrona
Con más motivo si aparece alguna de estas situaciones: mareos o desmayos, vómitos que impiden comer o beber, poco aumento de peso o pérdida de peso, diabetes gestacional o cualquier medicación que baje la glucosa, y un antecedente de trastorno de la conducta alimentaria. Ninguna de ellas se maneja ajustando horarios por tu cuenta.
En resumen
El ayuno intermitente como dieta no tiene sitio en el embarazo ni en la lactancia. La evidencia disponible viene del Ramadán y no encontró efecto sobre el peso al nacer ni sobre la prematuridad, pero es un patrón distinto, observacional y sin datos sobre los desenlaces más graves: sirve para relativizar el alarmismo, no para dar luz verde. Y por debajo de la evidencia hay un balance sencillo: el peso puede esperar unos meses.
Una señal relacionada, para cerrar: en un estudio pequeño de ayuno en días alternos con 16 personas no obesas, la respuesta glucémica a una comida empeoró en las mujeres y no en los hombres (Heilbronn et al., Obes Res 2005). Protocolo extremo, n pequeño y poco replicado: no es un veredicto sobre «el ayuno en mujeres», pero sí un motivo para no dar por hecho que lo medido en hombres se traslada. Lo tratamos en ayuno intermitente en mujeres, y las demás contraindicaciones están en la guía riesgos del ayuno intermitente.
Carlos Esteban — Licenciado y Doctor en Bioquímica por la Universidad de Valencia, Graduado en Psicología (UNED). Más sobre el autor.