Se suele llamar ayuno prolongado al que va más allá de las 24-48 horas sin ingerir calorías, y a partir de aproximadamente 72 horas es razonable hacerlo con supervisión médica. No hay un límite cerrado y único: distintas fuentes sitúan el corte en 24, 36 o 48 horas, y lo que de verdad lo distingue de un ayuno corto no es una cifra sino que el cuerpo llega a completar fases metabólicas —agotamiento del glucógeno, aumento sostenido de cetonas— que un ayuno de un día apenas empieza a rozar. Aquí tratamos el concepto y la seguridad; el paso a paso de cada duración concreta tiene su propia página, enlazada más abajo.
Indice
¿A partir de cuándo se considera «prolongado»?
No existe una definición única. En la práctica, esta web usa el corte de forma orientativa: un ayuno de 24 horas ocasional se trata como protocolo aparte, y «prolongado» agrupa lo que va de 36 horas en adelante —36, 48, 72 horas y más— porque comparten algo que el de 24 horas no llega a tener: varios días seguidos sin la comida que reinicia el reloj metabólico cada jornada.
Qué pasa en tu cuerpo, fase a fase
El marco de referencia es el «interruptor metabólico»: mientras hay glucógeno hepático disponible, el cuerpo lo usa como combustible principal; al agotarse —típicamente más allá de las 12-24 horas desde la última ingesta— pasa a depender cada vez más de la grasa y las cetonas (Anton et al., Obesity 2018). Es una review que sintetiza el mecanismo, no un cronómetro exacto: el momento depende de las reservas de glucógeno, la actividad física y qué se comió antes.
Pasado ese primer tramo, un ensayo pequeño con hombres sanos encontró que la secreción de hormona del crecimiento aumentaba ya el primer día de un ayuno de cinco días y se mantenía elevada al quinto, con más pulsos y mayor amplitud (Ho et al., J Clin Invest 1988, n=6). Es un dato antiguo, con muy pocos participantes, y mide una hormona en sangre, no un resultado clínico: que esa hormona de crecimiento se traduzca en conservar músculo o quemar más grasa es una extrapolación mecanística, no algo que el estudio mida directamente.
¿Es seguro ayunar varios días seguidos?
El dato más grande que hemos localizado es un estudio observacional con 1.422 personas en un programa de ayuno de 4 a 21 días, con supervisión médica en clínica: los efectos adversos aparecieron en menos del 1 % de los casos, y el 93,2 % no refirió sensación de hambre relevante (Wilhelmi de Toledo et al., PLoS One 2019). Dos matices importan: no es un ayuno de agua estricto —el protocolo permitía un aporte calórico mínimo diario— y, sobre todo, la supervisión clínica es parte del resultado. Este dato no demuestra que ayunar varios días por libre, en casa y sin seguimiento, sea igual de seguro.
Traducido a la práctica: cuanto más largo el ayuno, menos margen de error, y a partir de 72 horas el criterio razonable es contar con supervisión médica, no solo con la propia sensación de encontrarse bien.
A quién no le conviene
Con diabetes tratada con medicación, embarazo o lactancia, antecedentes de trastorno alimentario, o cualquier condición que requiera medicación con alimento, un ayuno prolongado no es una decisión que tomar por libre. El detalle de por qué, con la evidencia que lo respalda, está en los riesgos del ayuno intermitente — no lo repetimos aquí para no diluirlo. Cuanto más días dure el ayuno, más motivos para hablar antes con un profesional sanitario, y no solo por las condiciones anteriores: personas mayores, con bajo peso o que toman cualquier medicación pautada también deberían consultarlo antes de intentarlo.
Qué puedes tomar durante el ayuno
Agua, siempre. Muchos protocolos supervisados de varios días añaden algo de sal o electrolitos para compensar lo que se pierde por orina al bajar la insulina —el detalle, en agua con sal—. Café o té solos, sin azúcar ni leche, aportan calorías despreciables y son compatibles con la mayoría de protocolos; el desarrollo completo está en el café y en la guía general de qué rompe el ayuno intermitente. Cualquier cosa con calorías relevantes rompe el ayuno metabólico en sentido estricto, con independencia de si «se nota» o no.
Cómo romper un ayuno prolongado
No hemos localizado en el banco de evidencia de esta web un estudio centrado en cómo reintroducir alimento tras varios días de ayuno, así que esto se apoya en criterio práctico, no en una cita: cuanto más largo el ayuno, más gradual debería ser la vuelta a comer —empezar por cantidades pequeñas y de fácil digestión antes que por una comida copiosa—, precisamente porque el cuerpo lleva días sin procesar alimento. Si el ayuno se ha alargado varios días, esta es otra razón para hacerlo con supervisión: quien acompaña el ayuno también debería acompañar la reintroducción.
Elige la duración concreta
Cada duración tiene su propia página, con horario, qué esperar y errores frecuentes:
- Ayuno de 36 horas — un día completo más las dos comidas que lo enmarcan.
- Ayuno de 48 horas — dos días seguidos sin comer.
- Ayuno de 72 horas — el punto donde la mayoría de guías empieza a insistir en supervisión.
- Ayuno de agua — la variante más estricta, sin nada salvo agua.
En resumen: «ayuno prolongado» no es un protocolo único sino una categoría —de 36 horas en adelante—, con un principio que no cambia: cuanto más dura, más fases metabólicas se completan y más margen de error se pierde, así que la supervisión deja de ser opcional a partir de cierto punto. Para el marco general de todos los protocolos, vuelve al índice de tipos de ayuno intermitente.
Carlos Esteban — Licenciado y Doctor en Bioquímica por la Universidad de Valencia, Graduado en Psicología (UNED). Más sobre el autor.